

Preocupados por la educación como factor de cambio y crecimiento, nos pusimos a imaginar cómo crear espacios para un desarrollo armónico, en el que se aunarán el conocimiento y la creatividad, atravesado por valores perdurables y sólidos, cimentado en el trabajo y en el compromiso; un espacio para el estudio, el juego creador, el respeto por la vida, el amor por la tierra; un ámbito de búsqueda y ejercicio, dotado de los recursos de la técnica y signado por la inteligencia. Mirando hacia el futuro, nos encontramos rastreando en el pasado (el cual suele ser fuente pletórica de ejemplos constructivos) y así regresó en la memoria una figura que nos había regalado placeres inconmensurables en nuestros días de infancia y cuya transcendencia solo alcanzamos a calibrar muchos años después: Julio Verne. Paradójicamente, fue en este visionario del cruce del siglo pasado en quien encontramos respuesta para alguno de los interrogantes de este cierre de milenio y decidimos prestar oídos atentos a su voz, seguros de que su mensaje encendería un fanal en la tormenta de ideas y proyectos.







